Su técnica de los
"vasos comunicantes" es por primera vez usada en esta novela, con
gran maestría. Esta técnica, como la define el mismo autor, consiste en asociar
dentro de una narrativa situaciones que ocurren en tiempos o lugares distintos,
para fundirlos y hacer surgir de ellos una nueva vivencia, distinta de la que
existiría si los episodios hubieran sido narrados por separado.11 Es por ello
que esta obra está contada en diferentes tiempos, que en ocasiones pueden hacer
perder al lector lo que había pasado hasta ese momento, aunque le da un
característica vanguardista al relato.
Pero
indudablemente, la mayor ambigüedad de la novela radica en la muerte del cadete
Ricardo Arana, el Esclavo. A pesar que el Jaguar, al final de la novela, se
responsabiliza de su muerte, queda siempre un hálito de duda. Al respecto ha
contado el escritor lo siguiente:
"Yo fui a México a
ver a un gran crítico francés, que dirigía la comisión de literatura de
Gallimard. Él había leído mi novela y yo fui a verlo en su oficina de la
Unesco. Me dijo que le gustó mucho el personaje del Jaguar porque se atribuye
un crimen que no cometió para reconquistar su autoridad sobre sus compañeros.
Yo le dije: “el Jaguar sí cometió ese crimen”. Entonces, me miró y me dijo:
“Usted se equivoca. Usted no entiende su novela. Para el Jaguar perder el
liderazgo era una tragedia infinitamente superior a la de ser considerado un
criminal”. (Su versión) me convenció; aunque cuando escribí la novela yo pensé
que sí lo había matado.
El escritor
rescató entonces la importancia de la verdad del lector sobre la verdad del
autor: «Un escritor no tiene la última palabra sobre lo que escribe. Creo que
es un gran error preguntarle a un autor cómo es esto o lo otro», explicó. Es
por eso que desde entonces ha tratado de mantener la duda sobre la
responsabilidad del Jaguar en el crimen, aduciendo que sus personajes «tomaron
su propia vida, se me fueron de las
manos».
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